DESPUÉS DEL IMPERIO: ¿Es la tendencia de EE.UU a perder influencia y a ganarla Rusia y China una tendencia de largo recorrido?

¿Cómo podemos concebir el papel actual de los Estados Unidos de América en las relaciones internacionales? Voy a aprovechar estas líneas para hacer una reseña del libro Después del Imperio: Ensayo sobre la descomposición del Sistema norteamericano. 

La hipótesis que Emmanuel Todd maneja a lo largo del libro es la siguiente:

El cambio demográfico, hacia menores tasas de mortalidad infantil y menores tasas de nacimientos por madre, mediado (al menos en parte) por una mayor tasa de alfabetización de las poblaciones, lleva hacia sociedades más uniformes culturalmente, por un lado, y más desiguales, por otro (aquellos que han alcanzado formación universitaria tienden a despreciar, por su falta de conocimientos, al resto y, la globalización y el ultraliberalismo, producen una todavía más acusada distribución desigual de ingresos). En el tránsito se producen estallidos y radicalización social (Revoluciones Europeas del siglo XIX, primera y segunda guerra mundial, radicalización del islam, etc.) que dan paso a sociedades de alguna manera asimilables a la democracia liberal (con sus matices). Esa desigualdad latente en las democracias y el proceso de democratización que está viviendo el mundo musulmán y otras regiones del mundo, hace que nos encontremos en una especie de “branquia política global”: la sangre, que fluye en una dirección (los países del Este de Europa, Rusia, América latina y el mundo musulmán se democratizan), y el agua que fluye en la contraria (Occidente, concepto muy criticado por Todd, se vuelve oligárquico). 

Además, Todd aporta datos sobre el infinito desajusto de la balanza de pagos de EE.UU, donde el petroleo solo supone una fracción limitada (en 2002 era del 20%), siendo los objetos de consumo la mayor parte de la misma. La producción en EE.UU está estancada. Japón produce lo mismo que EE.UU. Sin embargo, el país americano es capaz de capitalizarse cada vez más. Fluye el capital desde Europa y Japón, y desde otras partes, hacia EE.UU. Las guerras emprendidas por EE.UU tras 1965 las ha perdido, en su mayoría y, además, las ha librado contra países a los que Todd denomina “no-potencias” (Vietnam, Isla de Granada, Etiopía, Iraq por dos veces, Afganistán, etc.).

Armado con su herramienta heurística (la hipótesis mencionada anteriormente), el autor analiza la consideración de EE.UU como nación imperial, su auge y su caída desde 1965, con un rebrote tras la descomposición de la URSS y una caída todavía más fuerte desde entonces, y analiza también el camino de Japón, Europa y Rusia con respecto a EE.UU. Sigue tratando a América latina y África como proveedoras de materias sin más, aunque habla de la futura región articulada entorno a Brasil como centro económico y de poder de la región. Postula una Rusia que actuaría como contrapeso de EE.UU. Este país se ha recuperado y ha evitado su completa desarticulación. Dado su potencial militar y sus recursos energéticos, y sus características sociológicas realmente universalizantes (la familia antropológica rusa es comunitaria, como la musulmana, no como la anglosajona), le pueden permitir articular una verdadera aura de protección frente a una nación, la estadounidense, cada vez más beligerante contra las “no-potencias”, lo que Todd denomina una beligerancia teatralizada, y que está produciendo una desetabilización del mundo musulmán, salpicando cada vez más a Europa ¿Podría esto hacer pivotar a Europa sobre un centro de poder y económico Ruso?

Es muy interesante leer un libro como este, escrito en 2002, casi 20 años después de su escritura. La actual situación en Siria demuestra muchas de las hipótesis de Todd. Estados Unidos no entra en la guerra directamente, si no que, para desestabilizar un país en el cual tiene intereses petrolíferos que garantizarían el abastecimiento de su protectorado Europeo, financia un grupo terrorista radical musulmán que se hace con el control de los pozos petrolíferos de la zona y que comienza a funcionar autónomamente, sembrando también a Europa de atentado terroristas y de refugiados. Claramente EE.UU ha actuado de desestabilizador sin haber intervenido directamente (no se moja, pese a poseer el mayor gasto militar del planeta). Pero Todd no ha contado con la estupidez (o pleitesía) de la élite Europea hacia el establishment estadounidense. Esto no ha afectado a su relación con Washington, si no que la ha fortalecido y ha llevado a Europa a intentar firmar un Tratado de Libre comercio con Estados Unidos y Canadá ¿Tiene esto alguna lógica? Pero ¿Qué ha ocurrido con Rusia? Recuperada su fuerza militar, ha intervenido en el conflicto, llevando a cierta estabilización de la zona. Exactamente como Todd predecía, Rusia se erige como estabilizador frente a EE.UU y China, una potencia menor para Todd, durante estos lustros, es la segunda potencia económica del mundo, ha percibido el potencial armado de Rusia y se ha organizado, junto con la India, Pakistán y Kazajistán en el Órgano de Cooperación de Shangai. Es decir, ⅔ partes del planeta han decidido y ¾ partes de Eurasia se han agrupado y han conformado una macroregión mucho más potente que los Estados Unidos. Por su parte, Europa vive un auge de la extrema derecha nunca visto. El ultraliberalismo y la depredación de las clases populares Europeas parece estar, en parte, detrás de este auge. En Alemania ha obtenido más de 5 millones de votos. Ucrania ha sido usada para enfocar a la élite Europea en contra de Rusia.

Han pasado muchísimas cosas en menos de 20 años pero ninguna de ellas se desvía demasiado de la hipótesis de Emmanuel Todd. Un gran análisis (aunque sea profundamente erróneo con respecto al análisis de la Unión Soviética).

REFERENCIA

Todd, E. (2012). Después del imperio: Ensayo sobre la descomposición del sistema norteamericano (Vol. 12). Ediciones AKAL.

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